Lorca, un poeta gallego

Seguramente si habéis curioseado por nuestra página hayáis visto su nombre en una cita, y si la memoria no nos falla lo hemos mencionado como gallego en alguna entrada de este blog. Aunque no lo parezca sabemos que Fuente Vaqueros sigue siendo parte de Granada, pero como decimos por aquí: a vaca non é de onde nace senón de onde pace.

Federico García Lorca visitó Galicia en 1916, recién cumplidos sus dieciocho durante un viaje de estudios con la universidad, y se dice que entró siendo músico pero marchó siendo escritor. Aquí se enamoró de Compostela, del mar coruñés y, si no la había conocido antes, dio inicio a un idilio con Rosalía de Castro que lo marcaría por el resto de sus días. Al volver a Granada publicaría el artículo «Impresiones del viaje a Santiago» en 1917, un relato costumbrista de su camino por Galicia en el que se podía sentir la emoción del joven Federico. Desde ese momento, Lorca visitaría Galicia tres veces más, aunque su regreso se demoraría hasta 1932.

Para cuando volvió, Federico ya era una estrella del rock: Consagrado autor costumbrista de la Generación del 27, Lorca había pasado ya por Estados Unidos y, como buen gallego, también por Cuba. En estos países escribió Poeta en Nueva York, aunque todavía se trataba de un borrador cuando recitó varios de ellos para su público en Santiago de Compostela, que ahogó en aplausos al granadino.

Su siguiente viaje no se hizo esperar tanto, retornando a Galicia apenas tres meses después, pero esta vez se trajo compañía: Dirigiendo la Barraca, una compañía de teatro amateur, se dejaría caer por las principales ciudades de Galicia y, finalmente, regresaría por última vez ese mismo año en noviembre para recorrer Pontevedra y Lugo, donde cedió su Madrigal á cibdá de Santiago para ser publicado en la revista Yunque. Porque sí, Lorca escribió en gallego. Seis poemas, de hecho, publicados en 1935 por la editorial Nós bajo el título Seis poemas gallegos.

Aunque Lorca no volvería a Galicia tras ese año, sabemos que nunca olvidaría esta tierra porque en 1933 diría en Buenos Aires lo siguiente: «A mi llegada a Galicia, ellas [las «fuerzas formidables» de Compostela y el paisaje] se apoderaron de mí en forma tal que también me sentí poeta de la alta hierba, de la lluvia alta y pausada. Me sentí poeta gallego, y una imperiosa necesidad de hacer versos, su cantar me obligó a estudiar a Galicia y dialecto o idioma, que para lo maravilloso,  es igual». Galicia tampoco olvidó nunca a Lorca. No han sido pocos los homenajes que se le rindieron, y hoy en día quien lo desee puede encontrarlo inmortalizado en la alameda de Santiago de Compostela, frente al monumento a Rosalía, vestido con el mono de la Barraca.

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